30.3.07

Los Emeritazgos

Cuando se creó la figura del Profesor Emérito, como distinción de los catedráticos, agregados y titulares de Universidad al jubilarse -"eméritus" es el termino común en los paises de Centroeuropa para designar a los simples jubilados de la carrera docente, y de otras profesiones "liberales" (akademisch) distinguidas-, tuve por un momento la sensación de que en nuestro país no iba a quedar esa distinción en un reconocimiento agradable y benévolo pero inocuo, de una acreditada dedicación a la investigación o la enseñanza.

No hubiera podido entonces precisar qué significaba aquello, ni qué tipo de comportamientos me sugería. Simplemente me inquietaba. No me parecía que fuese a ser una colación inocente de algo merecido.

Y en efecto el día 29 de marzo pasado en una emisora muy frecuentada todo eran aspavientos y lamentaciones porque a uno de los padres de la Sociología española le habían negado en la Complutense el ascenso a la calidad puramente honorífica de "emérito". Y con este motivo salió a relucir que también se había visto excluido de ella Gustavo Bueno en Oviedo y, más escandaloso todavía, uno de los padres de la Filología griega en la Complutense en todo el páis, el Dr. Rodríguez Adrados, cuando a académicos de la categoría de Lázaro Carreter y otros muy conocidos y cargados de mérito ni siquiera lo habían solicitado para evitar el bofetón seguro de la negativa.

No puedo evitar reconocer que esto -que yo ignoraba ya que tras 17 años de jubilación, por mi carácter introvertido y más aficionado a la amistad de los no académicos (obreros, campesinos, subalternos y empleados) he vivido desligado y alejado de los cotilleos del mundo universitario, siquiera fuese por higiene afetivomental- me consoló un tanto, ya que yo había sufrido el mismo trato despectivo y discriminatorio en la Junta de Gobierno de Salamanca en enero de 1988 tras haber sido el primer Decano de la Facultad de Psicología y uno de los pocos autores creativos de nuevos caminos metodológicos de la Psicoterapia en Europa (y desde luego en nuestra provinciana y acomplejada España). ¡Hasta se me ha omitdo en la lista de los decanos de la nueva Facultad... (como se hacía con los faraones de la dinastía derrotada)! [Dejo la tarea a los investigadores futuros de la historia de la Universidad civil de Salamanca el trabajo de averiguar quienes lo hicieron].
Es curioso que aun ahora mismo alguien perteneciente al círculo madrileño del Asesoramiento Filosófico, que pratican -bajo la influencia de la moda de autores extranjeros como Achenbah, Lahav o Raabe- lo que yo venía haciendo desde 1974, siempre que me presenta a alguno de ellos, suele añadir que yo, aunque filósofo, no pratico ni practiqué el "asesoramiento filosófico", sino el "Psicoanálisis" puro y duro. Y esto no es verdad (sino en la imaginación de esa inteligente persona que precisamente contenta con sus magníficas dotes pesonales que yo admiro y estimo, desearía haber sido el primer filósofo en el tiempo y en España ¿y qué culpa tengo de haber nacido cuarenta años antes y haber sido filósofo nato también?): mi hallazgo de nuevos caminos en la Psicoterapia Dinámica se debió precisamente a no seguir servilmente a Freud como tantos han hecho, sino a tratar síntomas y sueños filológicamente, como si fueran tablillas cuneiformes o papiros antiguos de los que no se conocen o no se dominan ni el alfabeto, ni la gramática, ni el vocabulario. Y todo ha de inferirse de documento mismo, sin ayuda de diccionario ni de teoría prefabricada. Y esto es filosofía creativa, no académica, como la que se aprende en las Facultades.

Dispensad que ma haya dispersado... volvamos a los emeritazgos:
Como suele suceder en nuestro desdichado país comido por la envidia y el resentimiento, lo que de suyo era evidente, de no optar por la igualdad absoluta de todos ante la senectud y la fatal jubilación, que me habría prarecido lo más justo y democrático, lo que debiera ser un reconocimiento evidente e independiente de ideologías, se convierte por el contrario en procedimiento de premiar a paniaguados, correligionarios y castigar repectivamente criptoeenmigos ideológicos, o simplemente "envidiables".

¿Cómo podría corregirse ese feo y perjudicial tic partidista y clánico que tanto entrorpece nuestro progreso?
De hoc alias!: sobre esto la próxima vez.
[Por hoy tengo bastante, tras unos meses de intervenciones quirúrgicas y oftalmológicas, que me han tenido impedido de usar el PC (ahora Mac). Así me vi obligado a interrumpir mi blogg o bitácora el otoño pasado con harta contrarieadad por perder la comunicación con mis desconocidos lectores... espero se reanude enseguida y no se interrumpa en adelante ya].

Luís Cencillo